Von Braun y Disney

Von Braun colaboró en tres producciones que Walt Disney realizó, en la segunda mitad de la década de 1950, para promocionar la sección Tomorrowland del parque Disneyland de Florida. La primera se llamaba Man in Space, y trataba sobre los cohetes. Los dos extractos siguientes muestran la intervención de von Braun y una explicación animada sobre los cohetes:

La segunda, Man and the Moon, trataba sobre el viaje a la luna, más de 10 años antes de que ésto se consiguiera. El siguiente extracto es de la intervención de von Braun en esta película:

En estos enlaces pueden verse completas las tres producciones:

Man in Space

Man and the Moon

Mars and Beyond

Computadoras Cuánticas

coprocesador cuántico D-Wave

D-Wave Systems Inc. / CC-BY 3.0

Actualmente diversos equipos trabajan intensamente afanados en construir una computadora cuántica. A muy grandes rasgos, el modo de trabajar de estas computadoras es el siguiente: El programa pone los qubits del registro de entrada en una superposición de estados. Entonces se desarrolla el cómputo a través de las puertas lógicas de la computadora, que están también en un estado de superposición. De esta manera la información se procesa simultáneamente en todas las historias (universos paralelos) representados por esa superposición de estados. Distintas partes del cálculo se desarrollan en diferentes historias o mundos paralelos, y la interferencia controlada de éstos produce una respuesta, que queda almacenada en un registro de salida. Ésto debe suceder antes de que se produzca la decoherencia, es decir, que las distintas historias “pierdan contacto” unas con otras.

Hay varios aspectos de la construcción de una computadora cuántica que pueden considerarse resueltos o casi resueltos, y otros en los que aún queda camino por recorrer.

Entre los primeros, existen ya varias formas de implementar qubits: desde los que emplean átomos o partículas individuales, como las trampas de iones (un ión aislado en una cámara a muy baja temperatura), núcleos atómicos, e incluso electrones (puntos cuánticos) o fotones, hasta los que utilizan elementos macroscópicos, como los anillos de superconductor (en los que puede circular una corriente eléctrica, sin necesidad de aplicar un voltaje, en un sentido o en el otro, o bien en ambos a la vez si está en superposición) o algunas técnicas de resonancia magnética nuclear. El estado de estos qubits puede cambiarse (entre 0, 1 o una superposición de ambos) mediante la aplicación de campos eléctricos o magnéticos, o bien de pulsos de láser (fotones).

También se han logrado construir puertas lógicas cuánticas. Las puertas de un solo qubit (como la negación, no, que cambia el estado de un qubit de 0 a 1 o de 1 a 0) no son muy difíciles de implementar, pero aquéllas que tienen varias entradas (que manejan varios qubits) son algo más complicadas. Sin embargo, ya se han construido puertas no controladas (CNOT). Éstas tienen dos entradas, una de ellas de control, de manera que si la entrada de control vale 0 la salida vale lo mismo que la otra entrada, y si la entrada de control vale 1, la salida tiene el valor contrario a la otra entrada. Ésto es importante, pues se ha demostrado que con puertas CNOT y puertas de un solo qubit podría implementarse cualquier circuito lógico.

Entre las dificultades quizás la principal sea la de la escalabilidad: hoy por hoy resulta complicado hacer trabajar muchos qubits conjuntamente y al unísono. Otra es la de los tiempos de decoherencia, que todavía son muy pequeños (las diferentes historias o mundos paralelos pierden contacto demasiado pronto). Además, la mecánica cuántica es, por definición, probabilística, por lo que las puertas cuánticas no pueden implementarse perfectamente, y es inevitable que se produzcan errores. Por lo tanto son necesarios más qubits y más tiempo de cómputo para poder detectarlos y corregirlos. En todos estos aspectos se producen avances casi a diario, y las previsiones parecen indicar que las computadoras cuánticas serán una realidad en muy pocos años.

Sin embargo, lo de que aún no existe una computadora cuántica no es del todo verdad. Una empresa canadiense llamada D-Wave ha construido ya lo que es algo más que un prototipo. Con un procesador de 512 qubitsD-Wave presenta su producto como un coprocesador cuántico, diseñado para operar junto con una computadora convencional. Funcionaría más o menos así: en una computadora convencional uno programa su problema, de manera que éste produzca una Instrucción de Máquina Cuántica. Con esta instrucción se alimenta el coprocesador cuántico, que a su vez optimiza la solución para ese problema.

La de D-Wave  no es una computadora de propósito general, pues sólo sirve para resolver problemas de optimización. Sin embargo, a pesar de los 10 millones de dólares que cuesta, algunas grandes empresas, como Google, la han adquirido.

Para saber más: John Gribbin. “Computing with Quantum Cats”. Prometheus Books, 2014 / D-Wave Systems

El ferrocarril en Liverpool

La línea de ferrocarril entre Manchester y Liverpool, inaugurada en 1830, conllevó la construcción de numerosas obras de ingeniería, como la plataforma para poder atravesar la zona pantanosa de Chat Moos. Estas imágenes del pintor Thomas Talbot Bury corresponden a la ciudad de Liverpool.

El ferrocarril llegaba a la ciudad a través de una profunda trinchera:

Trinchera de Olive Mount

Un arco de herradura daba entrada a la estación de Edge Hill. Los promotores deseaban algo espectacular. En él se albergaban dos máquinas de vapor estacionarias que servían para subir los vagones desde la estación de mercancías del puerto. El arco fue demolido en 1864 para poder ensanchar la plataforma de vías:

Moorish Arch

Esta es una vista de la estación de Edge Hill desde el arco. Las dos chimeneas, a las que alguien bautizó “las columnas de Hércules”, servían para expulsar los humos de las máquinas de vapor estacionarias antes mencionadas:

Estación de Edge Hill

De esta estación partían dos túneles. El más grande, en el centro, bajaba hasta la estación de mercancías del puerto. Las locomotoras de entonces eran incapaces de salvar su pendiente arrastrando vagones cargados, por lo que de éstos tiraban las dos máquinas de vapor estacionarias de la estación de Edge Hill:

Estación de mercancías

El otro túnel, a la derecha de la imagen, subía hasta la estación de pasajeros de Crown Street:

Estación de Crown Street

Esta estación quedaba lejos del centro de la ciudad, por lo que sólo estuvo en uso seis años. Fue cerrada cuando se inauguró una nueva estación más céntrica, y en la actualidad su emplazamiento lo ocupa un parque.

La siguiente imagen, del mismo ilustrador, muestra parte del material móvil de este primitivo ferrocarril. Los tres coches pintados en tonos amarillos son de pasajeros, el verde es un coche privado (obsérvese su similitud con una diligencia), y los dos últimos son para ganado:

Material móvil del ferrocarril de Manchester a Liverpool

Stephenson contra Brunel

La “guerra” entre los Stephenson y los Brunel no se limitó a los anchos de vía. George Stephenson e Isambard Kingdom Brunel compitieron por la adjudicación de la prolongación del ferrocarril del Este hasta Escocia. El proyecto de Brunel era el de un ferrocarril atmosférico, que se mueve sin locomotora, impulsado por el vacío producido en un tubo que corre paralelo a las vías. Los Stephenson, padre e hijo, estaban en contra de esta idea que finalmente se mostró poco práctica.

Samuel Smiles, el biógrafo de George Stephenson (y que más que una biografía escribió un panegírico), pinta a los Stephenson como un ejemplo de prudencia, frente a una audacia excesiva de los Brunel. […] Brunel ha tenido siempre cierta aversión a seguir el ejemplo de otro; y el que un ingeniero haya fijado un ancho de vía para el ferrocarril, o construido un puente, o diseñado una máquina de una cierta manera, es motivo suficiente para que él adopte una solución totalmente diferente”.

El proyecto finalmente se adjudicó a Robert Stephenson, quien tuvo que diseñar dos importantes puentes que sobreviven hoy en día: el que cruza el río Tweed, que marca la frontera entre Inglaterra y Escocia, por la localidad de Berwick:

Royal Border Bridge, Berwick

Chris McKenna (Thryduulf) / CC-BY-SA 4.0

O el puente sobre el río Tyne, en Newcastle:

High Level Bridge, Newcastle

Andrew Curtis / CC-BY-SA 2.0

De hecho, George Stephenson se consagraría como un gran constructor de puentes.

Los traslados del submarino de Peral

Tras su exitosa prueba en 1888, y la incomprensible pérdida de interés de las autoridades por el submarino de Peral, su desguace comenzó en 1890, cuando se desmontaron sus acumuladores y otros dispositivos eléctricos. En 1892 se le quitaron el tubo lanzatorpedos y los motores, para lo que hubo que desmontar parte del casco. Perdió también el periscopio y la plataforma que rodeaba a la torreta. El aparato de profundidades, uno de los dispositivos más originales del inventor, fue destruido a martillazos por el delineante del submarino, buen amigo de Peral, para que nadie se aprovechase de él. Así quedó el submarino abandonado en el arsenal de La Carraca, en Cádiz, hasta que en 1913 una Real Orden decretó su desguace. Fue la ciudad natal del inventor, Cartagena, la que se movilizó para evitarlo, y pidió que se trasladase. No fue tarea fácil, tanto por el mal estado del casco, como por las numerosas trabas burocráticas. Finalmente se consiguió en 1928.

Guardado en el arsenal de Cartagena, en los años 1960 la Armada finalmente regaló el submarino a la ciudad, y fue trasladado y expuesto en la plaza de los Héroes de Cavite. En 1985 se realizó una fuente a su alrededor.

submarino de Peral en la plaza Héroes de Cavite de Cartagena

Marcin Floryan / CC-BY-SA 3.0

Expuesto a la intemperie, el casco estaba sufriendo desperfectos. Tras el traslado, en el año 2011, del Museo Naval de Cartagena al antiguo Cuartel de Presidiarios y Esclavos, situado frente al puerto, se consideró poner bajo cubierta el submarino. Después de estudiar la conveniencia de esta operación, la mudanza se llevó a cabo en diciembre de 2012. El submarino se situó en el antiguo taller de calderería del arsenal, también frente al puerto de Cartagena. Allí se procedió, tras su traslado, a la restauración del viejo casco, al que se añadió de nuevo la torreta. En la actualidad está ya abierto al público.

submarino de Peral en el Museo Naval de Cartagena

Heath Robinson

Además de Enigma, los alemanes emplearon durante la Segunda Guerra Mundial otra máquina de cifrado llamada Lorenz SZ40, a la que los ingleses, que no la habían visto nunca, apodaron tunny (atún).

máquina Lorenz SZ40

Para mecanizar y agilizar el descifrado de sus códigos, en 1943 se construyó en Bletchley Park una máquina que utilizaba contadores electrónicos de alta velocidad. Diseñada por Max Newman, la máquina tenía un gran marco por el que corría a gran velocidad la cinta perforada con el código Baudot de los mensajes alemanes, al que, por su semejanza con una cama puesta de canto, llamaban el somier.

Heath Robinson

Allison Wheeler / CC-BY-SA 3.0

Las mujeres que operaban la máquina la bautizaron Heath Robinson, en honor a William Heath Robinson, autor de lo que podría llamarse la versión inglesa de nuestros inventos de TBO. He aquí algunos de sus dibujos:

Heath Robinson: industria de pelucas

Alterando la hora del Big Ben

Muchos de ellos hacían referencia a la guerra, como el recolector de bombas, el tanque saltador, el artilugio para engañar a los bombarderos nazis, o la máquina para automatizar el racionamiento de huevos:

Recolector de bombas

Tanque saltador

Engañando a los bombarderos nazis

Racionamiento automático de huevos

O este otro, que muestra que la moda de los selfies no es ni mucho menos nueva:

Haciéndose un selfie

Éstas y otras imágenes de William Heath Robinson en Wikimedia Commons

Sir Henry Bessemer y la Alhambra

Henry Bessemer dejó su Autobiografía inconclusa. El último capítulo, titulado Conclusiones, lo escribió su hijo Henry. Entre otras cosas, en él explica cómo el inventor compró una casa “encantadora, aunque sin pretensiones, con hermosos y extensos jardines”, en Denmark Hill, al sur de Londres: “Asentado aquí, las mejoras y reformas que hizo, tanto en la casa como en los jardines, lo mantuvieron ocupado y entretenido durante unos cuantos años”. Henry Bessemer hijo continúa explicando lo importante que fue esta casa para su padre, y explica un par de detalles de la misma, el último de los cuales dice: “Otro ejemplo de su talento […] puede verse en la figura 90, que muestra el interior de una gruta construida por él en sus terrenos […] Como puede observarse en la ilustración, la gruta tiene una elaborada ornamentación, y tanto su diseño como el color han sido tomados de uno de los patios de la Alhambra. La ingeniosa aplicación de grandes espejos producía la ilusión de distancia”.

La Alhambra recreada por Bessemer

La Alhambra recreada por sir Henry Bessemer

No he encontrado evidencia alguna de que sir Henry Bessemer visitara alguna vez la Alhambra. Su gruta recrea un palacio, no un patio, aunque, por lo que muestra la imagen, no parece tratarse de ningún lugar concreto de la Alhambra. Su casa de Denmark Hill fue demolida en 1947. Como recuerdo del inventor sólo quedan, en este barrio del sur de Londres, el nombre de una calle, el de un colegio, y, al parecer, un viejo roble que se alza en el patio del colegio.

Bessemer, Henry. 1.896. “Sir Henry Bessemer, F.R.S. An Autobiography”. Págs 452 y 453.

The Hiz. The Newsletter of the Friends of Charlton Village. Bessemer 200th anniversary edition.

La Máquina Algébrica de Torres Quevedo

máquina algébrica

La máquina algébrica de Torres Quevedo estaba diseñada para resolver ecuaciones de hasta ocho términos. Era una máquina mecánica y analógica. Las cantidades se representaban en unos elementos que el inventor llamó aritmóforos, en los que los números aparecían en una escala logarítmica:

aritmóforo

Aritmóforo de la máquina algébrica

El aritmóforo consta de los siguientes elementos:

  1. Un disco graduado de 1 a 10, pero en escala logarítmica. Por lo tanto, si llamamos xd al desplazamiento del disco, se cumple que el valor de x que marca el disco es x = log (xd).
  2. Un tambor con varias divisiones (en este caso 4), en el que se representa el mismo número que en el disco anterior, pero con una mayor precisión. En este caso, la primera división del tambor representa los números del 1 al 101/4 (1,77), la segunda llega hasta 101/2 (3,16), la tercera hasta 103/4 (5,62), y la última hasta 10. Con la lectura del disco 1 sabemos cuál de los 4 tambores debemos elegir para hacer una lectura más precisa.
  3. Un disco con 16 divisiones: del 0 al 7 en negro, y del 0 al 7 en rojo. Estas divisiones sirven para indicar el número de decimales. Así, cuando se señala el 0 negro, la lectura está entre 1 y 10, si señala el 1, entre 10 y 100, y así sucesivamente. Cuando señala los números en rojo hay más decimales: con el 0 rojo señala entre 0,1 y 1, con el 1 rojo entre 0,01 y 0,1, y así sucesivamente. Por ejemplo, si la lectura es 470 y el disco señala el 0 negro, sabemos que debe tratarse un número entre 1 y 10, por lo que la lectura real es 4,70.

Por cada cuatro vueltas del tambor (2) el disco (1) daba una. Y, por cada vuelta del disco 1, el disco 3 avanzaba (o retrocedía) una división. La lectura en el aritmóforo se realizaba mediante un doble hilo, para evitar el efecto de paralaje. Como puede comprobarse en la imagen, ya sólo queda uno de los hilos:

aritmóforo de la máquina algébrica

La construcción de la máquina representaba la siguiente ecuación:

α = (A1xn1+A2xn2+A3xn3+A4xn4+A5xn5) / (A6xn6+A7xn7+A8xn8)

máquina algébrica

El proceso era el siguiente:

  1. Primeramente se introducían los coeficientes A mediante una manivela que podía acoplarse a 8 ejes que accionaban otros tantos aritmóforos.
  2. Los números correspondientes aparecían en los aritmóforos.
  3. Ocho mecanismos, encerrado cada uno en una caja, permitían cambiar la velocidad de giro (o el desplazamiento) del aritmóforo x. Torres Quevedo los llamó mecanismos exponenciales, porque servían para introducir el exponente de la variable x en cada término de la ecuación. El desplazamiento a la salida de este mecanismo es igual al desplazamiento de x por la relación de transmisión: pd = n xd (recordemos que el subíndice d quiere decir desplazamiento). Como ya hemos visto, se cumple que log(p) = n log(x), o, lo que es lo mismo, p = xn. Para cambiar el valor de un coeficiente había que cambiar físicamente el mecanismo exponencial. Por ejemplo, un mecanismo que multiplicase la velocidad del aritmóforo x por dos lo que hacía era elevar al cuadrado el valor de x representado en la escala logarítmica. Y si lo que hacía el mecanismo era reducir la velocidad a la mitad, lo que se obtenía era la raíz cuadrada.
  4. En los aritmóforos M aparece cada uno de los monomios (A xn) de la ecuación. Para ello un mecanismo adicionador suma los desplazamientos de A y de p (la salida del mecanismo exponencial): Md = Ad + n xd. Al estar todo en escala logarítmica esto equivale a log(M) = log(A) + n log(x), o, lo que es lo mismo, M = A xn.

Para poder sumar todos los monomios, y como la suma de logaritmos no es igual al logaritmo de la suma, Torres Quevedo ideó el husillo sinfín, cuyo funcionamiento se explica un poco más adelante. Este mecanismo completaba la construcción de la ecuación, y en la máquina había un total de seis, cuatro para sumar los cinco monomios del numerador, y dos para sumar los tres monomios del denominador

Para calcular las raíces de una ecuación (los valores de x que la hacen igual a cero), había que buscar cuándo α era igual a 1. Es fácil de ver que cuando ésto se cumple la ecuación queda así:

A1xn1 + A2xn2 + A3xn3 + A4xn4 + A5xn5 – A6xn6 – A7xn7 – A8xn8 = 0

Podemos ahora ver el por qué de una ecuación de este tipo. Al estar las cantidades representadas en forma logarítmica, no pueden adoptar valores negativos, y de esta manera, la máquina de Torres Quevedo permitía hasta tres términos negativos.

máquina algébrica, vista lateral

Ya sólo hacía falta girar la manivela que mueve el aritmóforo de x, lo que a su vez haría que variasen los aritmóforos correspondientes a los ocho monomios y a α, y comprobar los valores de x para cuando α fuera igual a 1.

El husillo sinfín:

El husillo sinfín realiza la fórmula que aparece en la siguiente imagen:
rd = log (10^1+1)

husillo sinfín esquema del husillo sinfín

Su periferia tiene una serie de orificios que siguen una espiral, en los que engrana una rueda dentada, y su contorno obedece a la fórmula anteriormente mostrada. La entrada del husillo es su desplazamiento o giro, y la salida el giro de la rueda que engrana con él, cuya velocidad va variando según el punto en el que engrane con el husillo. Evidentemente la rueda puede desplazarse longitudinalmente a lo largo del husillo.

Como muestra de su papel en la máquina, la siguiente figura muestra cómo se suman los dos primeros términos de la ecuación. Aparecen en primer lugar los trenes exponenciales, luego dos sumadores, el husillo sinfín, y, por último, otro adicionador. Sin corchetes aparecen los desplazamientos, y entre corchete los valores marcados por los aritmóforos en su escala logarítmica (pincha sobre la imagen para ampliarla):

esquema máquina algébrica

Para saber más: José García Santesmases. 1980. “Obra e Inventos de Torres Quevedo”. Instituto de España

El legado de Alan Kay

La mejor manera de predecir el futuro es inventarlo. Alguien realmente inteligente con una financiación razonable puede hacer casi cualquier cosa que no viole demasiadas leyes de Newton (Alan Kay)

Confieso que Alan Kay me parece el personaje más interesante de esta historia del libro. Fue un pionero de las interfaces gráficas de usuario de los ordenadores, así como de los lenguajes de programación orientados a objetos, además de un visionario, como demuestra la cita que abre el capítulo. El lenguaje Smalltalk, desarrollado por Kay y otros en el PARC se utilizaba para manejar la interfaz gráfica, e influyó en otros posteriores.

Una de las preocupaciones de Kay fue siempre el uso educativo de estos desarrollos. Influido por las teorías del aprendizaje constructivista, desarrolló a principio de los años 1970 la idea del dynabook, un ordenador del tamaño de un cuaderno que ofrecería un entorno para investigar, experimentar, y también para crear. Podríamos pensar que esta idea se materializó con la aparición de las tabletas, pero Kay dice que no es así, y además, que estos dispositivos traicionan su idea, puesto que no sólo no se utilizan para investigar, experimentar o crear, sino que el uso que hacemos de ellos provoca que cada vez leamos menos, seamos menos creativos, y, en definitiva, que pensemos menos.

El problema no está en los dispositivos, sino en el uso que hacemos de ellos. Existen numerosas aplicaciones para aprender, para investigar y experimentar, para crear. Ya Seymour Papert, el padre del construccionismo, había desarrollado un lenguaje de programación educativo, Logo. De Smalltalk derivaron otros con los mismos fines, como Squeak, luego convertido en Etoys, desarrollado también por Alan Kay. Éstos a su vez han influido en Scratch, que me atrevo a decir que es más una herramienta educativa que un lenguaje de programación, y más recientemente en Appinventor, que ofrece una manera fácil y gráfica de desarrollar aplicaciones móviles.

pantalla de inicio de Etoys

La pantalla de inicio de Etoys

Scratch

Scratch sirve para hacer programas educativos, juegos, o simplemente contar historias. Es una herramienta para ejercitar la creatividad.

Appinventor

Appinventor permite ir programando una aplicación mientras observamos cómo funciona en la tableta o el móvil.

programación con bloques de appinventor

Tanto en Scratch como en Appinventor la programación es gráfica, con bloques, fácil de aprender.

Vannevar Bush, Douglas Engelbart, y la madre de todas las presentaciones

Durante muchos años los inventos han extendido las capacidades físicas del hombre, más que las capacidades de su mente. Ahora, según el doctor Bush, tenemos instrumentos a mano que, si se desarrollan adecuadamente, darán al hombre acceso y control sobre todo el conocimiento heredado a través de las edades.

Con estas palabras introducía el editor un artículo que, en julio de 1945, apareció en la revista The Atlantic Monthly. Su título era As We May Think (“como podríamos pensar”), y su autor el doctor Vannevar Bush. El mismo que años antes había construido el analizador diferencial, un dispositivo totalmente mecánico capaz de resolver ecuaciones diferenciales. El doctor Bush se planteaba el siguiente problema: había ya tanto material publicado, tanta información, que no era humanamente posible aprovecharla, no había medios para poder consultar tamaña cantidad de datos para encontrar todo aquello que tuviera que ver con lo que se buscaba.

differential

Analizador diferencial. Computer Library, University of Manchester / CC-BY 2.0

Un ejemplar de esta revista estaba en una biblioteca de la Cruz Roja en Manila, en manos de un joven soldado que esperaba su traslado de vuelta a casa. Douglas Engelbart quedó impresionado por la solución que el doctor Bush proponía para este problema. Se trataba de un dispositivo, básicamente mecánico, en el que una persona podía almacenar documentos, libros, imágenes, correspondencia, periódicos y revistas, etc. Lo bautizó memex (según él, por elegir un nombre al azar, pero posiblemente por memoria extendida). Consistía en un escritorio en cuya superficie habría pantallas ligeramente inclinadas para proyectar sobre ellas el material a consultar, que se almacenaría en el interior, miniaturizado en forma de microfilm. Tendría asimismo un dispositivo de entrada, una placa transparente que permitiría escanear todo lo que se desease almacenar, permitiendo incluso hacer anotaciones sobre el material previamente almacenado El dispositivo iba provisto de palancas y botones para accionarlo.

Pero quizás su característica más notable era la posibilidad de crear con él un índice asociativo para indexar todo lo almacenado, lo que permitiría recuperar con rapidez información relacionada.

Años después, Engelbart, en su Augmentation Research Center de la Universidad de Stanford, no sólo llevó a la práctica las ideas del doctor Bush, sino que las empujó un poco más allá. El día 9 de diciembre de 1968 hizo verdadera magia. Ante una numerosa audiencia, la mayoría bastante escéptica sobre lo que iban a ver, él se sentó frente a un monitor, con un teclado, y un extraño dispositivo ideado en su laboratorio, al que llamaba ratón. Lo que hoy es una imagen habitual era entonces algo inaudito. No era esa la manera de interactuar con las computadoras, cuando todavía eran moneda corriente las tarjetas perforadas.

Nada más empezar su charla se hizo un silencio absoluto en la sala. De hecho, esa audiencia en principio escéptica sólo le interrumpió con algún murmullo cuando algo les sorprendía especialmente, o con alguna risa ante algún comentario jocoso del orador. El extraño poder que ejercía el ratón sobre un punto que aparecía en la pantalla llamó mucho la atención al principio, pero no fue nada comparado con lo que vendría después. Engelbart estaba ante una computadora que no sólo desarrollaba la idea del memex de Bush, sino que lo llevaba más allá. Cuando el puntero se situaba sobre una palabra que aparecía en pantalla y Engelbart apretaba una de las teclas del ratón, se desplegaba más información. Esto que hoy llamamos hipertexto era la extensión del índice asociativo de Bush, que permitía recuperar con facilidad información relacionada. Para su demostración utilizó un documento que consistía en algo tan prosaico como una lista de la compra, para demostrar que esa tecnología no sería exclusivamente para uso científico o comercial, sino que debía acabar formando parte de nuestra vida cotidiana. Pero fue más allá. En un determinado momento un colaborador suyo apareció en la pantalla. Estaban conectados en red, como hoy diríamos. Mantuvieron una videoconferencia, y trabajaron al unísono en un mismo documento que compartían, y que podía verse en pantalla. Esta demostración mágica, que alguien posteriormente bautizó como la madre de todas las presentaciones, acabó con un cerrado aplauso de una audiencia puesta en pie.

Para saber más: As We May Think; The Atlantic Monthly / As We May Think; Time, Sep 1945 (con ilustraciones) / Hiltzik, Michael A. 1999 “Dealers of Lightning” Harper.