Ada Lovelace: más allá del mito

Esta entrada es un extracto del libro “Nuevas Historias de los Inventos“:

A nadie le extrañó demasiado la separación de Annabella, aunque sólo ella sabía todo lo que había sufrido. En aquella época las separaciones no eran muy comunes, pero Annabella era una mujer de carácter. De hecho fue ella la que convenció a sus padres para que dieran su aprobación al matrimonio con Lord Byron, quien era ya un poeta de cierto renombre, sin duda atractivo, que poseía un título nobiliario, y cuya vida licenciosa y viajes le habían llevado a la ruina económica. Aunque no estaba muy seguro de querer casarse con Annabella, la dote económica le persuadió.

El matrimonio fue un suplicio para Annabella desde el primer día. Literalmente. El día de la boda, Lord Byron, hombre de mundo, se burló de ella, humillándola delante de todos los invitados. Cuando llegaba a casa ebrio, algo que no era infrecuente, le gustaba mofarse de ella contándole sus correrías sexuales con otras mujeres. También alardeaba, tratando, sin duda, de escandalizarla, de las relaciones homosexuales que había mantenido en Grecia, y de los contactos incestuosos habidos con su hermanastra Augusta Leigh. Por si todo esto fuera poco, Lord Byron, además, la vejaba sexualmente, y en más de una ocasión la forzó sobre el sofá, justo antes de la cena, cuando el criado podía entrar en cualquier momento a poner la mesa.

Sin embargo, en aquella sociedad pre-victoriana, en la que importaban tanto las apariencias, todos estos motivos no justificaban el que una mujer se separase. Pero Annabella era una persona de recursos. De carácter dominante y manipuladora, lanzó una campaña de rumores sobre su marido que le debió dejar en una posición algo incómoda, pues acabó accediendo a la separación. A fin de cuentas, algo ganaba. Había logrado reponer sus arcas, y podría seguir viajando. Y seguiría técnicamente casado, por lo que no habría de temer otras propuestas de matrimonio.

Annabella quedó en una situación nada fácil, pero se las ingenió para desenvolverse con habilidad. No era sencillo mantener la posición social para una mujer separada, y Annabella asumió el papel de víctima, haciendo gala de unas estrictas moralidad y religiosidad algo hipócritas, y llevando su título, Lady Byron, con afectación, como si fuera una muestra pública de su sufrimiento en ese mundo de apariencias. También obtuvo alguna contrapartida. Pudo disponer a su antojo de su herencia, algo que normalmente administraba el marido.

En 1815, menos de un año tras la boda, y poco después de su separación, nació una niña, sobre la que Lady Byron ejercería un férreo control. Ada Augusta Byron (el nombre de Augusta era por la hermanastra de su padre) fue una niña débil y enfermiza. Su vida estuvo marcada por la ausencia de un padre al que admiraba (por ser un poeta famoso y bohemio) y desdeñaba (pues su madre se encargó de que comprendiese muy bien todos sus pecados). Pero, sobre todo, estuvo marcada por la presencia de una madre absolutamente dominante y controladora.

Con sólo seis años la obligaba a permanecer largos ratos en la cama, completamente inmóvil, sin poder contraer ni el músculo más pequeño, so pena de duro castigo, no tanto físico como psicológico. Además de este dudoso método para aprender autocontrol, la pequeña era sometida a largas sesiones de estudio, a pesar de lo cual nunca desarrolló aversión por el mismo. Con trece años sufrió un fuerte ataque de sarampión, que la dejó postrada. Pasó casi cuatro años sin poder andar, no como consecuencia de la enfermedad, sino, posiblemente, del remedio, que debió incluir prolongados reposos que provocarían el debilitamiento de los músculos de un organismo ya de por sí endeble.

Dado el ambiente opresor que se respiraba en su casa, no es extraño que a los 17 años se escapase con un joven que acudía a darle clases particulares. Aunque la aventura duró apenas un día, y, según confesión de la propia Ada, no llegó a mayores, es fácil de imaginar lo que se encontró al regresar. A la lógica reprimenda moralista se añadió el chantaje emocional, y hasta el maltrato psicológico. Lady Byron contaba a sus amigas (especialmente a tres de ellas a las que Ada llamaba las tres furias) los descarríos de su hija, y éstas asentían mientras dirigían miradas reprobatorias a la joven, permitiéndose incluso aleccionarla delante de su madre.

En este ambiente Ada desarrolló una personalidad inestable. Del interés extremo y la pasión por algo, pasaba con facilidad a la más absoluta indiferencia. Llegó a sufrir episodios de depresión. La opinión que tenía sobre ella misma no era muy realista, pues se veía como una persona de temperamento frío, organizada y sistemática.

En el verano de 1833, muy poco después del incidente con su joven profesor, su madre la llevó a Londres. Allí, en las numerosas fiestas y veladas, las jóvenes casaderas tenían la oportunidad de conocer a posibles pretendientes. Lady Byron y su hija acudieron a un par de estas veladas en casa de Charles Babbage. Allí este pionero de la computación exhibía un prototipo de su máquina diferencial, que fascinó a Ada. Babbage se mostraba siempre encantado de explicar su funcionamiento ante cualquiera que mostrara interés, y quedó impresionado por el nivel de comprensión que la joven mostraba.

Dos años después Ada se casó con William King, un joven de buena familia. Lady Byron se sintió moralmente obligada a contarle la escapada de su hija con el profesor. En 1837, al ser coronada la reina Victoria, William fue nombrado Conde de Lovelace. El matrimonio tuvo tres hijos, por los que ni William ni Ada profesaron un excesivo cariño, y sobre los que Lady Byron ejerció su acostumbrada influencia.

En 1839 Ada escribió a Babbage para pedirle que le diese clases de matemáticas. Esto era algo que Lady Byron aprobaba, pues pensaba que la ayudaría a equilibrar su carácter. Babbage declinó la oferta. Acudió entonces a una amiga de su madre, Sophia de Morgan. Sophia no tenía a Ada en muy buen concepto, aunque esto ella no lo sabía; a veces incluso le había confiado secretos que, inevitablemente, acababan llegando a oídos de su madre. El marido de Sophia era el matemático Augustus de Morgan, el mismo que da hoy nombre a uno de los teoremas del álgebra de Boole. Él y Sophia no compartían muchas cosas (por ejemplo, nunca iban juntos de vacaciones), pero se mostró dispuesto a dar clases a Ada. Aunque de Morgan decía que tenía una gran capacidad para las matemáticas, la realidad era que Ada mostraba dificultades con el pensamiento abstracto.

Charles Babbage nunca encontró mucho apoyo en su país. Principalmente, porque nadie, o casi nadie, era capaz de entender completamente el funcionamiento de sus máquinas. Por eso buscó apoyos fuera. En 1842, Luigi Menabrea, un ingeniero y general italiano, publicó un artículo sobre la máquina analítica de Babbage (a instancias del propio Babbage, y posiblemente escrito en mayor o menor medida también por él). Cuando el artículo llegó a las manos del inventor Charles Wheatstone, que era amigo de la familia de Ada y se tomaba interés por su carrera, le propuso que lo tradujera. La traducción de Ada es especialmente notable por sus siete notas, que superan en extensión al propio artículo, y que son las que han llevado a la fama su figura. Firmadas como A.A.L. (por Ada Augusta Lovelace), pues entonces no todo el mundo veía con buenos ojos que una mujer se dedicase a estos menesteres, en ellas explica, entre otras cosas, cómo podría utilizarse la máquina (de la que, recordémoslo, sólo existían los planos) para resolver un sistema de dos ecuaciones con dos incógnitas o para generar números de Bernoulli. Para ello establecía la secuencia de operaciones o instrucciones que la máquina debería desarrollar. Es decir, escribió los primeros algoritmos o programas para que una máquina los desarrollase automáticamente, antes de que existiese ninguna computadora. Tal era el nivel de las notas, que Babbage propuso a Ada que las publicase de forma independiente, algo a lo que ella se opuso, pues se retrasaría su aparición.

Estas notas han hecho surgir todo un mito alrededor de la figura de Ada Lovelace, a la que se ha considerado una precursora de los analistas y programadores actuales. Tanto es así que incluso en los años 1970 se bautizó un lenguaje de programación con su nombre. Sin embargo, dicho mito no parece corresponderse con la realidad, y, al igual que sucedió con Menabrea, e incluso en mayor medida, la influencia y la supervisión de Babbage fueron notables. El hecho de que no las firmase él directamente debe achacarse a que, luchando como estaba por buscar financiación del gobierno, necesitaba que fueran otras personas las que cantaran las bondades de su máquina. De hecho, los ejemplos antes comentados que aparecen en las notas de Ada, aparecían ya años antes en los cuadernos de Babbage. Más aún, de sus cartas a de Morgan y a Babbage, y aún de la propia traducción, se deduce que su nivel de matemáticas no estaba, ni mucho menos, a la altura de las notas.

En una carta de Ada a Babbage, ésta le escribe:

“me escribió en un trozo de papel (que, desgraciadamente, he perdido) que la máquina diferencial haría:

    • (alguna cosa) pero que la máquina analítica haría:

    • (algo más que es absolutamente general)

Tenga la amabilidad de escribir esto adecuadamente para mí; pienso que entonces podré hacer unas notas muy buenas”

En las notas aparece lo que, probablemente, sería la respuesta de Babbage:

[la máquina diferencial] puede, por tanto, tabular con precisión e ilimitadamente [. . .] La máquina analítica, por el contrario, no está adaptada para realizar una nueva tabulación de los resultados de una función particular, sino para desarrollar y tabular cualquier función”

Además, en el original de Menabrea, escrito en francés, hay un error de imprenta bastante evidente que a Ada le pasa desapercibido, y traduce tal cual. Menabrea dice:

“quand le cos de n=1/0” (en el caso de que n=∞, pero en lugar de cas -caso- escribe cos -coseno-)

Lo que Ada traduce literalmente:

“when the cos of n=1/0” (en lugar de “when the case of n=1/0”).

Si hay algo en las notas de lo que no cabe duda sobre la autoría de Ada, es su opinión, o más bien la ausencia de la misma, sobre las reticencias del gobierno a financiar la máquina:

“Con respecto a las circunstancias que han interferido con la construcción no ofrecemos ninguna opinión; y, de hecho, no poseemos los datos para hacerlo.”

Ésto, evidentemente, no le gustó mucho a Babbage, para quien las notas eran un medio de atraer voluntades para conseguir la financiación, pero Ada sabía también ser testaruda.

Tras la publicación, Ada estaba exultante. En sus cartas le decía a Babbage que era un “hada” para él, e insistía en el hecho de que su gran prudencia la cualificaba para encargarse de toda la estrategia y los detalles concernientes a la máquina, salvo su propia construcción, ya que pensaba que él trabaja de forma descuidada y desordenada:

“Otro año más y seré una especie de analista. Cuanto más estudio, más segura estoy de mi genio para ello. No creo que mi padre fuera tan buen poeta como yo seré analista.”

Estos momentos de elevada autoestima contrastan con otros en los que escribía al inventor rogándole, desesperadamente, que “retenga a su hada a su servicio”, y confesándole que no entiende los ejemplos de las notas. Babbage rechazó la proposición de Ada de seguir trabajando para él, pero de una forma tan diplomática que ella siguió considerándose “la sacerdotisa de la máquina de Babbage”.

Más tarde, Ada acudió a Michael Faraday. Éste se ofreció a enseñarla y a tutorizarla en sus experimentos, pues Ada se interesó por la electricidad. Incluso consideró escribir un artículo sobre “el pequeño trabajo de Ohm”. Pero Faraday no quiso saber nada cuando Ada le propuso estudiar el mesmerismo y el hipnotismo, algo en lo que tanto Lady Byron como Sophia de Morgan creían firmemente.

La salud de Ada fue siempre bastante delicada. Lord Lovelace debió cansarse de sus enfermedades, pues Ada se quejaba de que tenía mal carácter y se enfadaba con ella cuando no se encontraba bien. A tal punto llegaron las cosas que en 1848 Ada tuvo una aventura con un tal John Crosse. Éste obtenía dinero de ella, lo que llegó a obligarle a pedir un préstamo, sin que se enterasen ni su madre ni su marido, para comprarle muebles. Al parecer, Crosse tenía una familia que mantener, para lo cual utilizaba a Ada, aunque no sabemos si con su conocimiento o sin él.

En 1850, junto con Crosse y otros, comenzó a apostar a los caballos. Como las pérdidas fueron bastante grandes, empeñó las joyas familiares de su marido sin que éste se enterase. Fue Lady Byron la que se encargó de recuperarlas, y es fácil imaginar la reprimenda.

Ada comenzó a sufrir fuertes hemorragias menstruales. El mesmerismo no le proporcionó ningún alivio, y utilizaba opio y cannabis para mitigar el dolor. Llegó incluso, en momentos de desesperación, a dormirse con cloroformo. A pesar de los fuertes sangrados, el médico le recetaba sanguijuelas. Decía el galeno que todo era normal, y propio del proceso de curación. Ada murió en noviembre de 1852, cuando estaba a punto de cumplir 37 años, de un cáncer de útero, y tras haber confesado a su madre y a su marido su adulterio con Crosse.

374px-carpenter_portrait_of_ada_lovelace_-_detail

Para saber más: Dorothy Stein. 1985. “Ada: A Life and a Legacy”. MIT Press / Menabrea, Luigi. 1842. “Sketch of the Analytical Engine Invented by Charles Babbage

MULTIVAC y UNIVAC

Seguramente que la mayoría de aquéllos a quienes les gusten los relatos de Isaac Asimov, el famoso escritor de ciencia-ficción, conocerán su computadora MULTIVAC, que aparece en varios de ellos. El primero en el que lo hace se llama Franchise, escrito en 1952, y en él se relata cómo la computadora juega un papel primordial en el desarrollo de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, en un futuro que para nosotros es hoy ya pasado, llegando a hacer innecesario el acto de ir a votar, pues MULTIVAC era capaz de predecir el resultado.

Asimov se inspiró para su relato en otra computadora, esta sí real, llamada UNIVAC, y que llamó la atención en las elecciones presidenciales de 1952, que enfrentaban a los candidatos Dwight Eisenhower y Adlai Stevenson. Las encuestas daban un empate técnico entre ambos candidatos.

En los estudios de la cadena CBS en Nueva York el locutor Charles Collingwood aparecía sentado frente a una consola de UNIVAC con luces parpadeantes. No era más que eso, una consola, un remedo de UNIVAC, que únicamente era capaz de encender y apagar lucecitas. La computadora de verdad estaba en Filadelfia, e iba a ofrecer sus propias predicciones sobre los resultados electorales a partir de los primeros recuentos de votos. Al parecer se demoraba bastante en hacerlo, pero la realidad no era así. Remington Rand, la compañía que fabricaba UNIVAC, se jugaba mucho en este envite, y los resultados que predecía su computadora se les antojaban harto ridículos. Estimaba una amplísima victoria de Eisenhower, con un margen de más de 10 puntos de diferencia sobre su rival, y los programadores no se atrevían a hacerlo público, pues un error de tal calibre dañaría la imagen tanto de la empresa como de la computadora. Sin embargo, UNIVAC acabó teniendo razón, y Asimov se inspiró en ella para su MULTIVAC.

Para saber más: The Night A Computer Predicted The Next President

Vídeo de Charles Collingwood y la consola de UNIVAC el 4 de noviembre de 1952:

Vídeo promocional de UNIVAC, de principios de los años 1950:

Los hackers del MIT y el juego de Vida

El prolífico matemático inglés John Conway inventó en 1970 el juego de Vida. El jugador únicamente tiene que colocar algunas fichas en un tablero cuadriculado. Esta configuración inicial de fichas evolucionará a lo largo del tiempo siguiendo las “leyes de Conway“. Conway eligió sus reglas de manera que fuera muy difícil predecir qué ocurriría a partir de una configuración inicial, y son bastante sencillas. Teniendo en cuenta que cada casilla tiene 8 casillas adyacentes, estas son las reglas:

  • Supervivencia: una ficha está en contacto con 2 ó 3 fichas: en la generación siguiente queda como está.
  • Fallecimiento: una ficha está en contacto con menos de 2 (muere por aislamiento) o con más de 3 (muere por superpoblación). En la generación siguiente desaparece del tablero.
  • Nacimientos: cuando una casilla vacía está en contacto con 3 fichas, en la siguiente generación contiene una ficha

El juego fue descrito por Martin Gardner en su sección de “Juegos Matemáticos” de la revista Scientific American. En él se explican los posibles finales:

  • Extinción: desaparecen todas las fichas del tablero
  • Estable, o naturalezas muertas
  • Osciladores: disposiciones de fichas que oscilan entre dos o más configuraciones
  • Deslizadores: disposiciones de fichas que van viajando a lo largo del tablero, oscilando entre varias formas diferentes
  • Crecimiento ilimitado: el número de fichas no deja de aumentar

En cuanto a esta última posibilidad, en el artículo se explica que Conway creía que no existía una configuración inicial finita que creciera ilimitadamente, y ofrecía un premio de 50 dólares a quien fuera capaz de probar o refutar su conjetura. Según Gardner, la respuesta de los hackers a su artículo fue de tal calibre que estimaba que la manía de explorar las formas de Vida había costado millones de dólares en uso ilícito de ordenadores (recordemos que entonces los ordenadores eran máquinas muy caras, que sólo se podían permitir las empresas o las universidades). Fue Bill Gosper, uno de los hackers del MIT que trabajaba en el laboratorio de Inteligencia Artificial quien consiguió demostrar que Conway estaba equivocado al idear un cañón de deslizadores, una configuración de fichas que da lugar a deslizadores cada cierto tiempo, por lo que el número de fichas en el tablero cada vez es mayor.

En este enlace se ofrece una versión del juego de Vida. Entre las configuraciones iniciales que vienen predeterminadas está el cañón lanzadeslizadores de Gosper

.

Cañón lanzadeslizadores de Bill Gosper

Cañón lanzadeslizadores de Bill Gosper

Para saber más: Steven Levy, 1994. “Hackers. Heroes of the Computer Revolution”. Dell Publishing; Martin Gardner, 1985. “Ruedas, Vida y Otras Diversiones Matemáticas”. Ed. Labor

Spacewar! y ajedrez

En el año 1961 llegó al MIT una nueva y flamante computadora PDP-1. Fabricada por DEC, incorporaba una pantalla, algo que no tenían muchas computadoras de entonces. Uno de los hackers del MIT llamado Steve Russell pensó utilizarla para realizar algún hack. Aficionado como era a las novelas de ciencia ficción, decidió que haría un juego de guerra espacial. A principios de 1962 tuvo listo uno con dos naves espaciales, de diferentes formas para que cada jugador pudiera reconocer la suya, que disparaban torpedos. Como era habitual, dejó una cinta con el código de Spacewar! en la caja de programas de la computadora, para que los demás hackers pudieran hacer mejoras.

cinta perforada

Entre otras mejoras, alguien añadió las constelaciones reales en el fondo de la pantalla, alguien más la gravedad del sol, que atraía a las naves, y otro el lanzamiento contínuo de torpedos al dejar el botón correspondiente apretado.

Spacewar! en la pantalla del PDP-1

Kenneth Lu / CC-BY 2.0

En este enlace se encuentra un simulador de Spacewar!

Otro de los hackers, con tanta afición al ajedrez como desapego por la higiene (no tenía tiempo para eso) era Richard Greenblatt. Aunque le expulsaron de la universidad por no acudir a unas clases que consideraba aburridas y sin interés, seguía yendo al laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT para hackear en su PDP-1. Allí sus compañeros crearon una nueva medida olfativa: el miliblatt; y a veces eran afortunados y conseguían situarle bajo un aspersor de incendios y abrirlo para disminuir el nivel de miliblatts en el ambiente. En sólo una semana consiguió tener escrito un programa para jugar al ajedrez. La universidad le ofreció concederle un grado si escribía una tesis sobre ello, pero no encontró tiempo para hacerlo.

Por aquel entonces circulaba por el MIT un memorando, escrito por el profesor de filosofía Hubert Dreyfus, en el que se criticaba abiertamente a la Inteligencia Artificial, y en el que se afirma, entre otras cosas, que una computadora jamás podría ganar al ajedrez ni a un niño de 10 años. Le invitaron a jugar con PDP-1. Y la computadora le dio jaque mate. Dreyfus estaba confuso, no tanto por haber perdido, sino por la falta de reacción de los hackers. No mostraron ningún entusiasmo, pues estaban seguros desde el principio de que la computadora ganaría.

Para saber más: Steven Levy, 1994; “Hackers, Heroes of the Computer Revolution”. Dell Publishing