Spacewar! y ajedrez

En el año 1961 llegó al MIT una nueva y flamante computadora PDP-1. Fabricada por DEC, incorporaba una pantalla, algo que no tenían muchas computadoras de entonces. Uno de los hackers del MIT llamado Steve Russell pensó utilizarla para realizar algún hack. Aficionado como era a las novelas de ciencia ficción, decidió que haría un juego de guerra espacial. A principios de 1962 tuvo listo uno con dos naves espaciales, de diferentes formas para que cada jugador pudiera reconocer la suya, que disparaban torpedos. Como era habitual, dejó una cinta con el código de Spacewar! en la caja de programas de la computadora, para que los demás hackers pudieran hacer mejoras.

cinta perforada

Entre otras mejoras, alguien añadió las constelaciones reales en el fondo de la pantalla, alguien más la gravedad del sol, que atraía a las naves, y otro el lanzamiento contínuo de torpedos al dejar el botón correspondiente apretado.

Spacewar! en la pantalla del PDP-1

Kenneth Lu / CC-BY 2.0

En este enlace se encuentra un simulador de Spacewar!

Otro de los hackers, con tanta afición al ajedrez como desapego por la higiene (no tenía tiempo para eso) era Richard Greenblatt. Aunque le expulsaron de la universidad por no acudir a unas clases que consideraba aburridas y sin interés, seguía yendo al laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT para hackear en su PDP-1. Allí sus compañeros crearon una nueva medida olfativa: el miliblatt; y a veces eran afortunados y conseguían situarle bajo un aspersor de incendios y abrirlo para disminuir el nivel de miliblatts en el ambiente. En sólo una semana consiguió tener escrito un programa para jugar al ajedrez. La universidad le ofreció concederle un grado si escribía una tesis sobre ello, pero no encontró tiempo para hacerlo.

Por aquel entonces circulaba por el MIT un memorando, escrito por el profesor de filosofía Hubert Dreyfus, en el que se criticaba abiertamente a la Inteligencia Artificial, y en el que se afirma, entre otras cosas, que una computadora jamás podría ganar al ajedrez ni a un niño de 10 años. Le invitaron a jugar con PDP-1. Y la computadora le dio jaque mate. Dreyfus estaba confuso, no tanto por haber perdido, sino por la falta de reacción de los hackers. No mostraron ningún entusiasmo, pues estaban seguros desde el principio de que la computadora ganaría.

Para saber más: Steven Levy, 1994; “Hackers, Heroes of the Computer Revolution”. Dell Publishing